¡Esa mirada tan distante de Pepe Mujica!

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RESUMEN
Por: Rafael A. Escotto
«Pertenezco a una generación que quiso cambiar el mundo, fui aplastado, derrotado, pulverizado, pero sigo soñando que vale la pena luchar para que la gente pueda vivir un poco mejor y con un mayor sentido de la igualdad». José-Pepe-Mujica
Esa mirada de José -Pepe-Mujica tan intensamente distante parece estar en comunicación con el Espíritu Santo, aquel que lo preparó para vivir con propósitos y convicciones. El que orientó sus decisiones, aportándole claridad y sabiduría. El que le ayudó a encontrar fuerza en momentos de debilidad. José Alberto «Pepe» Mujica Cordano aceptó la presencia del Espíritu Santo y este lo enseñó a caminar con confianza y paz.
En esta foto que estamos analizando poco antes de su muerte, podemos adivinar que Pepe Mujica está sumergido en un hermoso viaje de fe y conexión con Dios; Este hombre fue en vida tan querido y tan admirado por todo el mundo está orando. Está orando verdaderamente. La oración es una manera profunda de hablar y escuchar a nuestro Creador. El parece estar expresando sus pensamientos y deseos más profundos. Nos imaginamos que es una conversación donde no solo habla Pepe, sino que también abre su corazón para escuchar el suave susurro del amor de Dios.
Recordemos, que Jesús mismo a menudo se retiraba a lugares tranquilos para orar, mostrándonos la importancia de pasar tiempo en comunión con Dios. Nos enseñó a orar con sinceridad y fe, asegurándonos que Dios nos escucha.
En medio de aquel dialogo divino, Pepe Mujica se retira y piensa en su amada esposa Lucía Topolansky, su compañera de toda una vida; él la abraza con ternura y ella recuesta su cabeza suavemente sobre su pecho; sabiendo que quizá sea su último adiós, amorosamente le pasa su mano trémula por el pelo plateado por los años de su esposa y le dices en un lenguaje humano lleno del Espíritu Santo, en una especie de recital de poesía, a lo José Ángel Buesa:
Me queda tu sonrisa dormida en mi recuerdo,
y el corazón me dice que no te olvidaré;
pero, al irme a otro mundo, sabiendo que te dejo,
tal vez empiezo a amarte como jamás te amé.
Se me ocurre expresar en esta dolorosa despedida, despedida que el mundo llora con amarga tristeza, el hecho de que Pepe Mujica no solo fue un combatiente por la paz desde la sierra eminente del Uruguay, también fue un soldado de Jesucristo; sufrió prisiones y torturas por ser un hombre fiel que se tornó conveniente desde el gobierno de su país ensenándole a su pueblo y a los gobernantes después de él, donde está y como se llega a la verdadera salvación.
Pepe fue, sin ninguna duda, un obrero probado de la política y de la democracia universal. Como mandatario nunca tuvo que avergonzarse de su lucha, pues usó bien la palabra verdad hasta su muerte. No fue nunca un falso o un hereje de la política, como lo fueron los personajes de la mitología griega Himeneo y Fileto, en el cristianismo prehistórico, náufragos de la fe.
Durante su mandato hizo que la democracia fuera para la sociedad y la política uruguaya el camino decidido de los ciudadanos. La democracia es un logro del esfuerzo de la humanidad por gozar de una mejor calidad de vida. Para Pepe Mujica la democracia significó su filosofía de vida. No buscó la reelección nunca, por aquella frase lapidaria de Simón Bolívar: «Las repetidas elecciones son esenciales en los sistemas populares, porque nada es tan peligroso como dejar permanecer el poder largo tiempo en un mismo ciudadano.»
El funeral que le rindió el pueblo uruguayo al extinto exmandatario José –Pepe-Mujica fue similar al que se le ofrece a un prócer y protector de los pueblos libres por sus méritos ganados en varios campos de la vida social y política de su país; La procesión fúnebre a Pepe Mujica fue grandiosa, solo podría ser comparable con la manifestación de aprecio y respeto que se le rindió en 1850 al héroe nacional y máximo prócer del federalismo José Gervasio –Pepe–Artigas, considerado por el Uruguay patricio del proceso independentista.
Me pareció oír a Pepe Mujica expresar, al igual que Artigas: «Vosotros estáis en el pleno goce de vuestros derechos: ved ahí el fruto de mis ansias y desvelos, y ved ahí también todo el premio de mi afán. Ahora en vosotros está el conservarlo. Yo tengo la satisfacción honrosa de presentaros de nuevo mis sacrificios y desvelos, si gustáis hacerlo estable. Nuestra historia es la de los héroes.»




