Opinión

¿Haitianos vs Haití?


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Por: Rafael A. Escotto

«La mujer sabia edifica su casa, pero la necia con sus manos la derriba».

Proverbios 14:1

No sé cómo comenzar a escribir sobre este artículo. ¿Qué extraño? Estoy sentado frente a mi laptop y siento algo así como un vacío insondable. Me pregunto: ¿ausencia de estímulos?

Nunca había experimentado tal sensación. He escrito mucho sobre el problema haitiano. Inclusive, en 2015 el prestigioso periódico de Haití Le Nouvelliste nos pidió autorización para traducir al francés un trabajo que escribimos. El trabajo tuvo como título en español «Una distensión dominico-haitiana» y salió publicado en la columna de ese matutino «Echos de la Republique Dominicaine» con el título en francés «Une distension dominicano-haïtienne saillante».

¿Será que el tema escogido esta vez nos causa angustia y nos produce una apatía interior? ¿O, quizá, se debe a que no tenga objeto escribir sobre haitianos vs. Haití? Sin embargo, una voz muy dentro de nosotros nos susurra al oído y nos dice que le demos dar riendas sueltas a nuestra imaginación. Sucede que a veces nos encerramos en una especie de cuarto oscuro tratando de explicarnos algunos enigmas que nos parecen imposibles de descifrar, como es ese esfuerzo del pueblo haitiano de querer desintegrar por completo a Haití.

El asunto de la destrucción de la casa de uno mismo solo es explicable cuando leemos en Proverbios sobre la mujer necia que derribó su propia casa, destruyendo todo lo que había construido. ¿Por qué ese afán de los haitianos de empeñarse en destruirse a sí mismos y de hacer desaparecer a su país, Haití, de la faz de la tierra? Frente a tan compleja interrogante aparece en mi mente esta otra cuestión: ¿De dónde les viene a los haitianos esa tendencia autodestructiva? Pienso que esa clase de conducta es el resultado de trastornos mentales y, además, es un problema de estilo de personalidad disfuncional.

¿Será que los haitianos, al sentirse inconformes con lo que Dios le dio, están faltos de gratitud?

Resulta inexplicable ese comportamiento de los haitianos de autodestruirse y de querer acabar con su propio territorio. Recurro a la novela Sinsajo, de ciencia ficción, de la autoría de la escritora estadounidense Suzanne Collins, en busca de una respuesta a este proceder del pueblo haitiano. Me encuentro con esta expresión: «Somos seres incansables y estúpidos con mala memoria y un don para la autodestrucción».

Un vuelo sobre aquel territorio podría llenarnos de espanto al observar con ojos de tristeza el nivel de destrucción de los bosques, los ríos lucen evaporados, las tierras son más ni menos que páramos. Esta desolación que refleja Haití nos recuerda el título de un poema del escritor español Antonio Colinas: «Plegarias en los páramos negros». Para tratar de entender el grado de devastación causado a su propio país por sus habitantes me lleva a aprovechar unas líneas de este poema:

«Gracias por la muerte de estos montes/y por la de estos pueblos, en los que solo las piedras/se mantienen con vida/gracias por estos negros páramos del invierno/en los que la tierra asciende a los cielos/y las nubes descienden hasta tocar la tierra/gracias por esta hora de todos los vacíos/en la que se intuye un final».

Los haitianos, lamentablemente, parecen que no desean que lo salven de su tragedia; ellos, todos juntos, ricos y pobres, han decidido inmolarse, como si se tratara de un ritual. Estas cosas entristecen el alma del mundo y conducen a pensar que los haitianos no tienen problemas con otros pueblos o con otras naciones, ni estos con el pueblo haitiano. El problema está entre ellos mismos que no se soportan el uno al otro.

Sería deplorable admitir que son los propios haitianos quienes incendian los bosques y todos los robustos robles y, como si eso no fuera suficiente secan sus propios ríos y arroyos. Lo difícil seria pensar que estas clases de depredaciones los haitianos las extienden a otros territorios o países, como si fueran patrones de conducta innatos en los que no tiene que ver la educación.

 

El pueblo haitiano está atrapado en la destrucción de su país, lo que podría llevarlo a parecerse a las tribus nómadas de la prehistoria, sin embargo, estos en su mayoría cuidaban el medioambiente y protegían el área donde estaban aunque duraran poco tiempo allí. Lo de Haití es que no hay estructura de Estado ni hay régimen de consecuencia, esa es la diferencia.

 

 

 

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