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Juventud, desarrollo y transformación


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La juventud constituye uno de los ­pilares fundamentales para impulsar el desarrollo y la transformación de la sociedad. De su formación, orientación y oportunidades dependerá, en gran medi-da, de la capacidad del país para construir una República Dominicana moderna, democrática, progresista y competitiva, ­capaz de insertarse con dignidad en el concierto socioeconómico y cultural del mundo, garantizando igualdad de oportunidades para todos.

Los jóvenes están llamados a asumir con responsabilidad los grandes retos del presen­te y del futuro. Para ello, resulta ­imprescindible que cuenten con una prepa­ración integral que fortalezca sus competencias, valores y sentido de compromiso social. En este proceso, el rol del Estado es determinante. Corresponde a las autorida­des diseñar y ejecutar políticas públicas ­eficaces, especialmente en el ámbito educa­tivo, que permitan identificar, estimular y desarrollar talentos y vocaciones. La volun­tad y la disciplina, acompañadas de una educación de calidad, son la base para ­formar ciudadanos ejemplares y auténticos agentes de cambio.

En ese mismo orden, es necesario garantizar a la juventud acceso a educación, ­empleo digno y servicios de salud física, mental y espiritual. La formación en disciplinas científicas, humanísticas, técnicas y deportivas, vinculadas a los sectores produc­tivos, no solo amplía horizontes, sino que previene desviaciones sociales. Cuando los jóvenes carecen de oportunidades reales, corren el riesgo de refugiarse en caminos equivocados, como las drogas, la violencia y las pandillas, donde predominan los ­antivalores que erosionan el tejido social.

Hoy La Información dedica su nota ­editorial al tema de la juventud, motivada por la conmemoración, el pasado sábado 31 de enero de 2026, del Día Nacional de la Juventud. Esta fecha invita a una refle­xión profunda y responsable. El Estado, la familia, las iglesias, los medios de comunicación, las academias y la sociedad en su conjunto deben asumir el compromiso de acompañar y orientar a los jóvenes frente a los múltiples riesgos que amenazan su ­estabilidad emocional, ética y social.

Abrir puertas a la capacitación técnica y profesional, fomentar la innovación, el ­emprendimiento y la formación de lideraz­gos auténticos y humanísticos es una inver­sión estratégica para el país. Apostar por la juventud no es una opción: es una necesidad impostergable.

Respaldar a la juventud significa apostar por el desarrollo integral de la nación. En sus manos descansa la posibilidad de ­construir un futuro más justo, solidario y próspero para todos.

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