Opinión

Las ratas del periodismo: un mal en potencia

Sandy Familia

En un mundo donde la libertad de expresión florece, el periodismo y la comunicación se han vuelto más accesibles que nunca. Sin embargo, estos avances también han dado lugar a una preocupante proliferación de individuos que, sin formación ni ética profesional, se hacen llamar periodistas, poniendo en riesgo la integridad de la carrera.

La facilidad de acceso a plataformas digitales ha permitido que cualquier persona con un dispositivo y conexión a Internet se declare a sí misma como comunicador o comunicadora. La ausencia de regulación ha creado un terreno fértil para aquellos que, careciendo de principios y amor por el oficio, buscan aprovecharse de la comunicación para obtener beneficios personales.

Es crucial diferenciar entre aquellos que ejercen el periodismo con objetividad y responsabilidad, y aquellos que, en busca de una recompensa económica, caen en lo que podríamos llamar «Ratas del periodismo». Este término se refiere a aquellos individuos que utilizan la profesión para causar daño sin tener en cuenta la veracidad de la información ni respetar los principios éticos.

La falta de regulación plantea la pregunta inevitable: ¿Quién pondrá límites a aquellos que desvirtúan el periodismo? Invito a la reflexión sobre la necesidad urgente de establecer estándares éticos y de promover la educación en el campo del periodismo. La autorregulación de la industria y la conciencia pública son pasos esenciales para preservar la integridad del oficio.

Es imperativo desaprobar a aquellos que, de manera irresponsable, utilizan la comunicación para sus propios fines. La población debe ser consciente de que, al alimentar la desinformación, hoy están contribuyendo a un problema que mañana podría afectarlos directamente. El periodismo se construye con objetividad y responsabilidad, y es deber de todos defender esos principios, caiga quien caiga.

En última instancia, la regulación del ejercicio periodístico se presenta como una necesidad inminente. No se trata de coartar la libertad de expresión, sino de asegurar que aquellos que se autodenominan periodistas sean portadores de la verdad, la ética y el compromiso con la sociedad. La responsabilidad de la profesión radica no solo en la formación académica, sino en la conciencia y el respeto hacia la verdad que debe prevalecer en cada palabra escrita o hablada.

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