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Lucha contra la corrupción


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La lucha contra la corrupción debe asumirse como un deber y como una misión de los presidentes, con la colaboración de las autoridades judiciales que, en esa lucha, mantengan la ­coherencia en sus convicciones sobre la necesidad de combatir ese flagelo que ­dilapida los recursos públicos destinados a necesidades perentorias de la población, como es el caso de la salud.

Se conocen variados casos de corrupción que se dieron en los gobiernos pasados, y pese a los reiterados llamados del actual presidente sobre la transparencia y la honestidad, en el uso de los recursos públicos, también en su gobierno se vienen repitiendo variados casos de co­rrupción, siendo el más sonoro y de mayor impacto el caso de Senasa, recientemente sometido por el Ministerio Público.

Sobre este caso el Ministerio Público cumplió con su deber de investigarlo y presentarlo a la Justicia de forma discreta, identificándolo como el caso “Cobra”, e implicando a más de una docena de ­imputados, encabezado por el director ejecutivo de Senasa, el doctor Santiago Hazim, quien junto a otros siete implicados fueron apresados para solicitarles las medias de coerción correspondientes.

Se trata de un caso multimillonario contra un programa de seguridad de salud, que de acuerdo con la acusación fue estafado por esa red de la corrupción que estuvo operando en contra de la población a ser servida por el seguro de Senasa.

Llama la atención, y es la gran diferencia del actual presidente respecto a sus homólogos del pasado, que prefirieron mantener en la impunidad los casos de corrupción que escandalizaban a la opinión pública en sus gobiernos.

En este caso, el mismo ha servido para que el presidente haga efectivo su compromiso contra la corrupción, afirmando que “el tendrá amigos en su gobierno, pero nunca cómplices”, aludiendo a su rechazo a la corrupción.

Esa es la gran diferencia y el gran sa­crificio político que hace el presidente al facilitar el “ataque a la corrupción”, tal como se lo había prometido a la población. Pero ese también será uno de los legados morales que dejará la gestión del presidente Abinader.

No importa que caigan los amigos en la corrupción, lo importante es mantener la coherencia ante una causa política a la que deben sumarse los políticos sanos, que pese a todo todavía existen en el país.

 

¡Qué la lucha contra la corrupción ­alcance la categoría de la lucha contra las drogas!

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