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¿Otra Guerra Mundial?


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La injerencia de EE. UU. en la guerra entre Israel e Irán, pone el conflicto del Medio Oriente al borde de la tercera guerra mundial, lo que pondría al mundo en un estado de alta peligrosidad que amenaza la exis­tencia de la humanidad y del propio planeta.

Por esa razón la mayoría de los líderes y presi­dentes de las naciones que conforman la comunidad de naciones, están clamando porque se mantenga la paz y porque no se produzca una escalada de la guerra.

Ha sido prudente la posición de Rusia y China al manifestarse en contra de esa guerra, al tiempo de mantenerse al margen del conflicto, aunque parece que su preferencia se inclina en favor de los iraníes.

El mundo sigue expectante, dándole seguimiento a la evolución de la guerra en Medio Oriente y las decisiones que tomen las grandes potencias que poseen las armas nucleares, sabiendo que recurrir a ellas pondría a la humanidad en máximo peligro de sobrevivencia.

Hay que hacer conciencia sobre los peligros de esta guerra, pero sobre todo de sus causas estructurales que la originan. Esta guerra del Medio Oriente es una expresión de los efectos o productos de la institucionalidad económica del “libre mercado” que se instalara como régimen económico único a nivel mundial, luego del intento fallido de la Unión Soviética por ins­taurar el régimen de una economía socialista, fracaso al que le siguieron el ensayo de Allende en Chile, Venezuela, Nicaragua y Cuba desde la revolución que encabezara Fidel Castro.

A partir de la instalación de las economías del “libre mercado” tanto en su versión “liberal” y luego “neoliberal” el proceso de toma de decisiones puso el   énfasis en la competencia de mercados, la maximización de los beneficios de las empresas, así como en la reducción del Estado para hacerlo más eficiente y garante de las inversiones.

En ese contexto, definido para el intercambio de mercados, tiene lugar la emergencia de las oligarquías empresariales, que con la apropia­ción de los beneficios de las empresas se convierten en poderes fácticos y vanguardias de las clases gobernantes y dominantes, sustentadas en el dinero y en la apropiación del capital acumulado.

Esa dinámica de la economía capitalista tiene, además, los efectos de la desigualdad y la concentración de la riqueza, la devastación de los recursos naturales y del medio ambiente, así como el proceso de la pérdida de valores o “vaciamiento de valores”: morales; culturales, económicos y políticos, tal como se puede apreciar en el discurso del presidente Trump al justificar su decisión de intervenir en la guerra contra Irán.

Ese árbol causal de las presentes guerras y conflictos globales debe conducirnos a reconocer la necesidad de reformar y formular un “nuevo orden mundial” que regule el comportamiento de los agentes  económicos, pero en especial, que regule las tendencias propias del mercado como son la del monopolio y del oligopolio, de modo que se atenúe la formación de las oligarquías y los conflictos que desembocan en guerras que amenazan a la civilización humana y al propio planeta.

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