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Piel bronceada y cómo cuidar la piel en verano: hidratación, protección y cuidados clave


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La toalla acaba doblada sobre la cabeza cuando la piel empieza a escocer por culpa del sol, aunque unos minutos antes alguien había decidido quedarse un poco más para subir el tono del moreno. Esa pequeña prórroga suele parecer inofensiva mientras el color avanza, pero también aumenta la radiación recibida.

Eso hace que muchas personas busquen un moreno bonito y terminen aceptando un daño que la piel intenta contener desde el primer minuto.

Rafael Salido, especialista del Departamento de Dermatología de la Clínica Universidad de Navarra, advierte de que cualquier cambio de color provocado por el sol responde a una agresión ultravioleta. El tono dorado puede resultar atractivo, aunque desde el punto de vista dermatológico indica que las células han tenido que defenderse.

Piel bronceada: el color aparece después de que la piel haya sufrido

El bronceado comienza cuando la radiación ultravioleta altera estructuras celulares y activa la producción de melanina, el pigmento que oscurece la piel.

Salido recuerda que «no existe un bronceado saludable, ya que cualquier cambio en la coloración de la piel es una respuesta al daño causado por la radiación ultravioleta«, destaca en el portal de noticias de la clínica universitaria. El color, por tanto, llega después de la agresión y refleja el intento de reducir daños posteriores.

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La melanina oscurece la epidermis con una protección muy limitada.

 

iStock by Getty Images

Los melanocitos fabrican melanina y la distribuyen entre los queratinocitos, las células más abundantes de la epidermis. El Colegio Oficial de Farmacéuticos de Madrid explica que «la acumulación progresiva de este pigmento es la responsable del oscurecimiento de la piel». Esa capa pigmentada absorbe parte de la radiación, aunque ofrece una protección muy baja, especialmente en personas de piel clara.

La falsa sensación de seguridad aparece cuando alguien interpreta el tono adquirido como una barrera suficiente. El Colegio madrileño advierte que «el bronceado es una señal de daño subyacente» y añade que «la protección que ofrece la melanina es bastante limitada».

Una piel ya oscurecida puede quemarse, acumular nuevas alteraciones celulares y necesitar el mismo protector solar que antes.

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