República Dominicana, ¿un país sin opciones electorales?

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RESUMEN
Por: Rafael A. Escotto
El título de este trabajo podría parecer una afirmación insignificante. Sin embargo, al observar con ecuanimidad el panorama de los posibles candidatos para optar por la presidencia de la República en las elecciones de 2028, es penoso concluir que, a lo largo de aproximadamente sesenta y cuatro años de vida política activa tras la caída del régimen de Trujillo, el país ha agotado todas sus alternativas deliberativas.
¿Qué quiere decir «agotar todas sus alternativas deliberativas»? Significa que los electores tendrán pocas opciones por las cuales votar; la indiferencia o el desprecio podrían provocar una abstención electoral de tal magnitud que haría estallar el sistema democrático.
Partiendo de este hecho, el voto en blanco y/o la contención eficaz del voto podrían surgir como formas de expresión de los votantes, aunque el voto en blanco no se valora en el sistema electoral dominicano como legalmente emitido. Por lo tanto, podría ser descartado, como se hace con los votos nulos.
Este evidente vacío de liderazgo, sumado al hecho de que el presidente actual, Luis Abinader Corona, no participará como candidato en elecciones políticas ni presentes ni futuras, pone en aprietos a su propio partido, el Revolucionario Moderno (PRM). Esto genera dentro de esa organización una especie de situación política anárquica, en la que nadie gobierna, y todos pretenden hacerlo de manera desordenada.
Es posible que el país esté en el umbral de una anarquía política creada intencionadamente, como creen erróneamente algunos, para permitir que un candidato de otro partido, en lugar de elevar la gloria del país, como dijo el poeta alemán Novalis, lo destruya. Este vacío de liderato podría abrir la oportunidad para que un candidato independiente del Alto Empresariado participe como una opción presidencial y pueda ganar las elecciones en 2028, dándole un giro diferente al país.
Los ciudadanos más audaces intentan vincular la estrategia anterior con la maniobra contra el Partido de la Liberación Dominicana (PLD), en la que un ala política decidió dividir esa organización en dos partes desiguales, aparentemente con el propósito de disminuir su fuerza electoral y conceder beneficios a la Fuerza del Pueblo (FP). Este juicio se sustenta en que a la FP se le «concedió» la segunda mayoría congresual sin haber conseguido los votos necesarios para ello.
Esto significa, en los mentideros políticos, que pudo haber habido arreglos políticos encubiertos para facilitarle al presidente de la FP la posibilidad de volver al poder en 2028. Si esto no fue así, al menos el hijo de Leonel Fernández, Omar Fernández Domínguez, logró la senaduría por el Distrito Nacional porque, según se comenta, el PRM incluyó en su boleta a un candidato externo, como Guillermo Moreno, que presentaba una imagen apagada y un discurso electoral extrañamente carente de la pasión esperada de un político con experiencia en esas lides.
Se dice en algunos círculos políticos que el PRM eligió a Guillermo Moreno con la condición de que actuara como facilitador, sin ofrecer resistencia a su oponente a la senaduría, Omar Fernández.
Particularmente, disentimos de esta opinión, considerándola una decisión inconsecuente con la naturaleza de todo partido político, que es ganar elecciones y llegar al poder con sus propios afiliados. Sobre todo tratándose de un líder con la fortaleza moral y política de Luis Abinader, quien no se prestaría a este tipo de componenda en contra de su propio partido.
A propósito de lo anterior, a manera de precaución, traigo a colación una opinión del estadista, abogado y escritor estadounidense John Adams, en una carta a John Taylor escrita en 1814, porque en política nada es descartable y todo es posible:
«Recuerda, la democracia nunca dura mucho. Pronto se gasta, se agota y se suicida. Nunca hubo una democracia que no se suicidara.»
Finalmente, debo consignar que el líder que someta a su propio partido a situaciones como estas se lamentará de haberlo hecho, como advirtió la escritora y dramaturga británica Agatha Christie:
«Lo más razonable que se ha dicho sobre el matrimonio y sobre el celibato es esto: hagas lo que hagas, te arrepentirás».





