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Respira, no dispares


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Nuevamente, las fricciones por el alto volumen de las bocinas se cobran otra vida.

Un teniente coronel retirado de la Policía, que escuchaba música en alto volumen en el cumpleaños de su madre, fue el desafortunado.

Una patrulla de su propia institución, la de los llamados “topos”, intervino ante una denuncia de vecinos y en ese operativo resultó fatalmente herido.

Ironía cruel: la autoridad matando a quien alguna vez la representó.

El otro día, un animado juego de dominó terminó en tragedia porque uno de los jugadores tomó el vaso de cerveza de otro y este lo mató a balazos.

No fue un arrebato único. En los últimos tres meses, al menos cinco riñas por juegos de mesa, estacionamiento o incluso por una mirada sostenida han terminado en sala de urgencias o en el Inacif.

Como estas, hay historias casi cotidianas en las que la violencia de las manos o de las bocas engrosan nuestros cementerios, llevando duelo a muchas familias.

Como dijimos en el editorial de ayer, el ruido y la “falta de límites” son parte del extenso catálogo de causas que han degradado la convivencia social en el país.

Según datos del Observatorio de Convivencia, el 40% de los homicidios en riñas domésticas o vecinales comenzó por un conflicto de ruido o límites no respetados.

Hay falta de límites auditivos (“es mi derecho escuchar mi música”), falta de límites territoriales (la acera es mía para poner mi silla) y, sobre todo, falta de límites emocionales para gestionar una molestia sin escalar.

Las soluciones amigables de conflictos, domésticos o callejeros, han sido reemplazadas por las reyertas a tiros, palos o cuchillos, o por los insultos hirientes y las venganzas.

Hemos normalizado que ante un ruido molesto, un dedo en el vidrio o una cerveza mal tomada, la respuesta sea un golpe o un tiro.

Como hemos perdido el sentido de la cordura y el respeto a las leyes y al derecho de los demás, aquí cualquiera reacciona con furia, sin darse unos segundos para respirar o contar hasta diez.

Debemos promover campañas como “Respira, no dispares” o talleres de resolución de conflictos en juntas de vecinos , como parte de una política pública, no buenas intenciones.

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