Opinión

Tendrá que decir como Trujillo: “reelección, reelección, reelección”.


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Fernando Pena
 El presidente Luis Abinader se mantiene en alta y sus funcionarios en baja a nivel de aceptación popular. Las encuestas así lo reflejan. O sea, que para una gran franja de dominicanos el presidente está actuando con autoridad y fuerza, mientras que sus ministros o funcionarios están en una posición de negativa prominencia.
El presidente se enfrenta a grandes, desafíos o toma decisiones importantes que están marcando su gestión, como es el tema de entregar a EEUU a excolaboradores, regiodor, diputados de su propio partido por tema de narcotráfico. Ha roto récord en entrega de narcos oficialistas. Y la gente lo ve bien.
Pero, los funcionarios se limitan exposiciones públicas, mediática y ni promueven ni ejecutan las acciones a favor del pueblo, mucho menos atienden los reclamos cotidianos en ciudades y municipios, dejando muchas veces a los alcaldes a su suerte y quieren que se respeten sus órdenes o políticas en busca de dominio y poder partidario. Carecen de un discurso y agenda de defensa.
Los ciudadanos perciben que mientras el presidente establece las reglas de conducta y ética para todos los funcionarios, ellos no la cumplen.
Ni salen a defender y destacar las obras oficiales ni defienden al gobierno con entereza. Y el presidente pese a escándalos, señalamientos públicos, ineficiencia, los mantiene en sus cargos.
Una medida positiva para el propio gobierno y su imagen sería remenear la mata y relanzar su gobierno con nuevas caras, nuevos funcionarios a todos los niveles.
Porque al ritmo de descontento popular, pese a la buena imagen que mantiene el presidente Luis Abinader, esté tendrá que asumir la reelección presidencial por tercera vez. Y decir como Trujillo: “reelección, reelección, reelección!

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