Opinión

Duarte y la política


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Luciano Filpo

La Sociedad dominicana está ante un año electoral y la conmemoración del natalicio de Juan Pablo Duarte, padre de la dominicanidad, maestro, prócer y articulador de la idea patriótica y de la nacionalidad. Habrán elecciones en todos los niveles municipales, congresuales y presidenciales. La clase política nacional ha usufructuado el Estado de forma patrimonial contraviniendo la visión duartiana de que la política es la ciencia más pura y que el propósito de un político o servidor público es obrar con transparencia, pulcritud y apego a la gobernanza y gobernabilidad. J. P. Duarte rindió cuenta de los recursos administrados en la primera campaña militar contra Haití en 1844; también hizo muestra de servicio a la patria al solicitar a sus hermanos colocar el patrimonio familiar, heredado de su padre para impulsar la independencia, que la patria se lo reconocerá y premiará.

Desde la perspectiva de lo que se denomina Historia Oficial al prócer de la dominicanidad ha sido cosificado, condenado a gabinetes y vitrinas desde donde se les desempolva cada año para realizar un desfile militar, un discurso apologético y grandilocuente con las virtudes del patricio, un arreglo floral ante un busto o una estatua, el himno de Duarte en las escuelas, pero desde que pasa el 26 de enero, todo retorna a la normalidad. Duarte era un joven con utopías, sueños, proyectos y compromisos de servicio a la patria y la dominicanidad. La política de hoy es distópica, sin horizonte, orientada al patrimonialismo y al clientelismo. J. P. Duarte es el paradigma nunca seguido por la clase política nacional, desde el comienzo de la vida republicana fue desterrado a perpetuidad y declarado traidor a la patria por el presidente Pedro Santana, quien terminó anexando el país a España. Juan Bosch hablaba de arritmia histórica y anomia para destacar este comportamiento apátrida en muchos episodios de la historia nacional. Lo propio también ocurrió con la guerra de La Restauración, donde algunos que participaron en la guerra contra España también objetaron de forma solapada el retorno de Duarte al país, así como propiciaron el regreso de B. Báez, quien buscó anexar el país a potencias europeas o a Estados Unidos.

La vida de Juan Pablo Duarte esta llena de esfuerzos y sacrificios filantrópicos por los demás y la conformación de la dominicanidad. Según la historia social, Duarte es el hombre joven, soñador, sacrificado que abraza varias corrientes filosóficas para fortalecer su proyecto de Nación. Era un joven proveniente de la clase media, quien había tenido la oportunidad de viajar por el mundo, educarse en Europa, conocer corrientes de pensamientos como el romanticismo, liberalismo y nacionalismo, desde la formación hogareña también había asumido el cristianismo como doctrina que orientaba su espiritualidad y que estarán presente en el juramento trinitario, en la bandera y el proyecto de Constitución que elaboró para la futura nación.

Duarte es el maestro y filántropo que concentra sus esfuerzos en forjar la formación de sus compañeros de aventura en la trinitaria, el saber es para compartirlo y eso hace Duarte con sus compañeros. Cuando se dificulta hacer un trabajo político y edu­cativo con los compañeros y la población recurre al teatro y desde las agrupaciones patrióticas: La Filantrópica y La Dramática se vale del arte y del teatro para continuar su labor de activista nacional. Duarte es el político que crea La Trinitaria como el ins­trumento a través del cual se organizará el pueblo, se educará y arengará la población acerca de la pertinencia de promover la conformación del Estado Nacional. Es un hombre con gran equilibrio, en su lucha contra Haití jamás incurrió en lo que hoy se denomina frases de odio, por el contrario, expresó admiración por el pueblo haitiano por los sacrificios que han hecho, pero apela a las diferencias de ambos pueblos para justificar la lucha patriótica de los dominicanos.

Duarte es un paradigma y modelo para todo dominicano que procura el crecimiento y fortalecimiento institucional, creía que el cumplimiento de la ley era ineludible para alcanzar la concordia y el pacto social. Su entrega a favor de la causa nacional, sus aportes para construir la sociedad dominicana libre costaron el exilio con los haitianos y los mismos dominicanos. Duarte es el paradigma a emular, para superar el simple desfile, para construir utopía y equidad en un mundo donde lo distópico parece apropiarse de todo. La clase política si emula a Duarte contribuye a forjar ciudadanía, responsabilidad social y forta­lecimiento de la vida institucional.

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