Un paredón digital

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RESUMEN
Es un crimen horroroso de carne y hueso, pero igualmente alevoso de imágenes compartidas, reproducidas y consumidas como si la intimidad ajena fuera un espectáculo. Quienes difunden esos videos no son espectadores inocentes: se convierten en cómplices activos de la degradación y la revictimización.
La justicia debe perseguir a los agresores con la misma firmeza con que persigue la propagación del material que los delata. Y la sociedad debe preguntarse qué tan bajo ha caído cuando el sufrimiento de una mujer se convierte en moneda de likes y comentarios.
La tecnología no es culpable por sí misma, pero sí lo es el uso que hacemos de ella. Convertir las redes en un circo del dolor es añadirle pólvora a una herida abierta. No podemos normalizar este paredón digital.




