Editoriales

Valorando las narrativas de los partidos políticos


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No debería tener nada de particular que la Junta Central Electoral procure el pleno respeto a las disposiciones de las leyes 33-18 y 20-23 que declaran ilegales las promociones de precandidaturas y candidaturas antes de los 60 días que anteceden a la próxima cita ciudadana con las urnas en el 2028.

En cierto modo, tendría sentido relacionar el creciente e histórico abstencionismo en el país con la profusión anticipada de ofertas de ejecutorias y de exaltaciones de aspirantes al poder que conducirían a una pérdida de interés en los comicios. Los mercadólogos de este medio se cuidan mucho de que la propaganda a favor de productos no sature ni fatigue a los consumidores llevándolos a la aversión.

Esto debe valer para los políticos que suelen fundarse en ciencias de la comunicación. Para la justa del 2024, el partido que más se anticipó a ofertar candidaturas fue el que menos sufragios obtuvo aunque existieran otras razones para restarle apoyo: PLD. No significa que las organizaciones partidarias deban tener por estas normativas menor presencia en el debate de las ideas ni en la exposición seria y contundente de análisis y cuestionamientos a la realidad social dominicana; implacables incluso en objetar aquellas decisiones y actuaciones que desde el poder o desde intereses particulares consideren lesivas al país.

Todo lo contrario, sus narrativas sobre las grandes causas nacionales deben ser vigorosas, documentadas y objetivas; enriquecidas con propuestas de soluciones a los males; algo que está brillando por su ausencia en la forma en que la oposición está prefiriendo deslucir e incriminar a la actual administración del Estado. Excediéndose en «frases cohetes» para acusar generalizadamente sin premisas ni exposición de argumentos que validen epítetos que en ocasiones estremecen a la opinión pública y cosechan grandes titulares de prensa. Un lenguaje llamativo con selección deliberada de palabras de uso popular dirigido a capitalizar disgustos pero quedándose en la superficie de la problemas y en la carencia de propuestas mínimamente sustentadas. Toca a los impacientes aspirantes al solio elevar conceptualmente la disputa por el favor de los votantes.

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