Editoriales

Zonas débiles de la gestión


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De acuerdo con las informaciones que se dan a conocer a la opinión pública, la gestión del presente Gobierno registra áreas muy destacadas y fuertes en su accionar como son: el manejo del Banco Central y el área fiscal; el sector turístico; zonas francas; exportaciones y remesas e inversión extranjera, entre otras que inciden en la legitimidad del régimen político y su eficiencia.

Legitimidad y eficiencia han sido las dos condiciones que las ciencias políticas han reconocido como las determinantes de la estabilidad del sistema político y que en los tiempos contemporáneos se des­componen en la gobernabilidad y la gobernanza.

La evolución de esas condiciones en nuestro país marca una alta legitimidad y una relativa eficiencia, al menos en lo económico y social, de manera tal que se reconoce una alta estabilidad macroeconómica y política que se ha traducido en un largo período de paz social y armonía productiva, condiciones que sobresalen aún dentro de un contexto globalizado que se caracteriza por un estado de convulsión y de amenazas que hacen incierta la vida de las naciones.

Dado ese contexto de confrontaciones internas y externas, ciertos grupos sociales y políticos, se mueven en la dirección de promover acciones desestabilizantes, atacando los renglones más débiles que ponen en evidencia las fallas de la gestión de gobierno, con la manifiesta intención de deslegitimar la gestión pública del Gobierno y del Estado, como paso inicial para desatar un proceso de desestabilización y anarquización del régimen político.

Áreas como la del Medio Ambiente y de Energía y Minas, son las preferidas para la crítica y para promover acciones que evidencien las debilidades atribuidas a la gestión pública. Por eso son frecuentes la ocurrencia de incendios fores­tales, devastaciones de los granceros contra los recursos acuíferos y la denuncia de atrocidades que se cometen, por ejemplo, en Las Dunas de Baní.

Asimismo, se presentan las debilidades en el sector energético, para mostrar la falta de eficiencia y deslegitimar la gestión pública.

En ambas áreas se observa, de manera coincidente, además, la ausencia de acciones pragmáticas que se contrapongan a la falta de iniciativas prácticas, cuya ausencia justifica a sus detractores quienes están decididos a proyectar una mala ima­gen como parte de las acciones dirigidas a resaltar la ineficiencia y así concluir con la ilegitimación del régimen político, con lo cual se intenta socavar las bases de la estabilidad y la credibilidad.

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