Crisis de los partidos

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RESUMEN
La escogencia de los candidatos a cargos electivos a nivel de senadores, diputados, alcaldes, directores municipales y regidores ha dado lugar a variados y múltiples conflictos que se expresan en el rechazo a los métodos aplicados para su escogencia, profundizando la tendencia del transfuguismo y del trasiego de dirigentes de un partido a otro.
Se trata de una situación que confirma la realidad que viven los partidos dentro de la llamada democracia clientelar, en la cual los partidos se han convertido en aparatos partidarios mediante los cuales se materializan la política como negocio y la democracia clientelar.
Los dirigentes partidarios solo se motivan de forma “oportunista”, una de las perversiones de la política, con el objetivo personal de alcanzar una oportunidad dentro del Estado que le permita la apropiación privada de los recursos públicos “para sí” y para sus relacionados.
De esa forma se aseguran la deseada movilidad social de pasar de una clase inferior en la que se encuentran a otra superior, para desde ahí “realizarse”, vendiendo la esperanza de llegar a ser sustentadores de los partidos que les dieron la oportunidad de dar ese salto social.
Por esa razón, los partidos han dejado de ser una comunidad de ideales compartidos en la cual sus militantes y dirigentes se forman en el arte de la política y en sus componentes doctrinales, ideológicos y de políticas públicas. Esos componentes se aterrizan en una “visión” de la realidad social, en la exhibición de los “valores” que guían la propuesta partidaria; y por último, en la formulación y elaboración de la plataforma de propuestas para transformar la realidad y lograr los objetivos planteados en la oferta hecha a la población.
Pero esos elementos que definen la política han sido abandonados por los partidos, siguiendo los designios pragmáticos que traen consigo las políticas neoliberales. La política como negocio ocupa el activismo de los militantes y dirigentes de los partidos. De ahí que en la dinámica partidaria no caben los políticos profesionales y formados, sino los comerciantes legales e ilícitos, cuyo valor es principalmente un valor de intercambio para el financiamiento de los partidos.
Esa distorsión de la política se acentuó en nuestro país a partir de 1996, cuando los nuevos gobiernos iniciaron la privatización y el minimalismo del Estado como agente económico impulsor de empresas.
Esos cambios causados por esas políticas neoliberales también sacudieron a los partidos, los cuales atraviesan por una fase de descomposición funcional y moral, siendo las notas más sobresalientes: la conversión de la política como negocio; la clientelización; y la motivación corrompida que lleva a la “apropiación privada de los recursos públicos” o corrupción.
Los partidos están compelidos a reflexionar sobre esos procesos y sus distorsiones. De no ser así los partidos dominicanos correrían la misma suderte de los partidos tradicionales en otros países de la región.
Qué se restablezca la formación política y ética de quienes quieren postular para ocupar un rango político en los partidos.





